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sábado, 31 de enero de 2015

Los borregos tontos que se caigan al precipicio.

Hoy vengo a gritar.

Esta noche estoy furiosa.
Estoy cansada de todos.
De la edad.
De la mentalidad.
De la casualidad.

Carece de sentido el hecho de darle importancia a estos pequeños momentos.
Pero yo tengo la desgracia de acabar con espinitas clavadas que tan sólo se infectan, haga lo que haga, me calle o grite, hable razonando y calmada o a bofetadas.

Ira. Y rabia.
E impotencia.

Y yo ya no se qué hacer,
Ellos no cambiarán, yo menos.
Pero aunque a mi aun me queda por madurar, a ellos les queda un buen trecho aun.

Hace un momento he escrito que estaba cansada de los adolescentes extremistas, infantiles e ineptos que hablan con voz de masas que ellos solo siguen por encajar en algún lugar, y siguen ideales que ni entienden, ni creen, ni si quiera saben qué dicen al hablar de ello, pero los siguen porque no saben qué voz tener en el mundo y se unen a la revolución que mejor les suena a sus mentes cerradas y ansiosas por imponer todo eso que han aprendido al resto de humanos que vivimos con nuestros otros ideales.


Yo he pensado muchísimo para hallarme aquí, siendo quien soy. 
Yo he dado vueltas a mi persona y a lo que creo, he investigado y he seguido lo que he creido hasta el punto de que alguien refutase con un argumento realmente convincente lo que yo decía.
Pero siempre con mente abierta.
Sin ser una hipócrita.
Ni una lider.
Ni un borrego.
Ni una estúpida.

Y me da tanta pena que a mi generación se le llene tan fácilmente la cabeza de ideas sin rumiar, que sean todos una panda de inútiles borregos lanzados a un precipicio, tan sólo por seguir aquello de lo que creen saber, y tan sólo al borde, cuando ya no pueden volver atrás, se dan cuenta de que se equivocaron.


Pero a mi no me creen.
Yo no he sido nadie nunca.
Nunca he sido una gran presencia.
No me han escuchado ni yo he sido capaz de hacerme oir.
Pero y qué, mientras yo sea siempre yo.
Mientras sepa cuales son los ideales que rigen mi vida y mi pensamiento.


Cuando alguien quiera escuchar mi opinión, que lea aquello que escribo.

No hay mejor forma de conocer a una persona que escucharla, o en este caso, leerla, cuando está de alguna forma con sentimientos a flor de piel, sean cuales sean.

Siempre dicen las verdades.
Nunca se piensa qué estará bien, qué será politicamente correcto.

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